- Los datos preliminares de la primera encuesta nacional de tabaquismo juvenil revelan que la Región de Coquimbo registra una prevalencia de consumo del 7,5% en adolescentes, por debajo del promedio nacional. Pero casi cuatro de cada diez jóvenes respira humo de tabaco en su propia casa. El desafío no es celebrar; es actuar.
Que el consumo de tabaco en adolescentes muestre una tendencia a la baja en Chile es, sin duda, una buena noticia. Las políticas de salud pública implementadas durante la última década —alza de impuestos, restricciones publicitarias, ambientes libres de humo— han dado frutos. Reconocerlo no es triunfalismo; es justicia con el esfuerzo acumulado de instituciones y comunidades que pusieron este tema en el centro de la agenda sanitaria.
La Encuesta Mundial de Tabaquismo en Jóvenes, aplicada por primera vez con representatividad nacional y difundida esta semana con motivo del Día Mundial sin Tabaco, entregó resultados que merecen una lectura completa. En la Región de Coquimbo, el 7,5% de los estudiantes entre 13 y 15 años consume tabaco en cualquiera de sus formas. Esa cifra es la más baja de las regiones destacadas y está significativamente por debajo del promedio nacional de 11,7%. Hasta ahí, el balance es positivo.
El problema está en el otro número. En Coquimbo, el 37,7% de esos mismos jóvenes estuvo expuesto al humo del tabaco en su hogar durante los últimos siete días. No fuman, pero respiran. No eligieron el riesgo, pero lo cargan igual. Ese porcentaje no habla de adolescentes que toman decisiones; habla de adultos que fuman puertas adentro mientras sus hijos duermen, estudian o comen. Es una cifra que incomoda, y debe incomodar.
“Los datos muestran que bajar el consumo no equivale a proteger a los jóvenes. Mientras haya humo de tabaco en los hogares de Coquimbo, no habrá política de salud pública que alcance.”
La Seremi de Salud y el Ministerio tienen razón al llamar a reforzar la prevención, pero ese llamado no puede quedarse en ferias informativas ni en mensajes genéricos. Lo que se necesita es que las autoridades sanitarias regionales, los municipios y los establecimientos educacionales articulen programas sostenidos de educación familiar —no solo escolar— que aborden el tabaquismo pasivo como lo que es: un problema de salud colectiva y de responsabilidad adulta. Las campañas deben llegar a quienes fuman en casa, no solo a los niños que las sufren.
A esto se suma un desafío que el comunicado apenas roza: el avance del cigarrillo electrónico y los productos de nicotina entre los jóvenes. La Seremi advierte sobre contenidos que buscan normalizar su consumo, y tiene razón. Pero advertir sin regular es insuficiente. Chile necesita actualizar con urgencia su marco normativo para incluir estos productos con la misma rigurosidad con que trata al tabaco convencional, antes de que la próxima encuesta muestre una curva que ya no podamos celebrar.
La Región de Coquimbo tiene hoy una ventaja relativa. No debería desperdiciarla en la complacencia.